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Bailando a ciegas

Victorine Floyd perdió toda su visión hace alrededor de 35 años, pasando en un breve plazo de una vista completa a una ceguera completa. Cuando le diagnosticaron un tumor no había medios disponibles en la isla de Antigua, en la que vivía, así que intentó desplazarse a New York para ser operada, pero fue demasiado tarde. Desde entonces vive en esa ciudad, que nunca ha llegado a ver.
Victorine forma parte de un colectivo de fotógrafos invidentes (Seeing with Photography Colective) que trabajan junto a asistentes videntes, quienes preparan el encuadre siguiendo sus indicaciones. Juega con la luz como si incorporase ondas rítmicas, haciendo que las luces bailen como baila ella durante las sesiones. Con sus fotografías se muestra bastante radical: con ellas quiere ofrecer una idea sobre cómo ella imagina que se ven las cosas, sin admitir ningún tipo de retoque digital.
 


Telarañas

En la serie de autorretratos titulada «Blind Vision» el fotógrafo Kurt Weston quiere representar las repercusiones físicas y psicológicas que la pérdida de la vista ha tenido en su vida. Weston era un reconocido fotógrafo de moda hasta que le diagnosticaron SIDA. Dos años después de su diagnóstico perdió la práctica totalidad de su visión y tuvo que abandonar su trabajo. Ya casi ciego, y tras superar un cáncer de estómago, sigue tomando fotos y se ha especializado en hacer autorretratos con un scanner. 

No se trata solo de ilustrar la pérdida de la visión física, sino también un viaje interno en el que se ven compormetidos sus miedos y emociones ante la idea de volverse totalmente ciego. Un viaje hacia una oscuridad infinita en la que la visión se ve oscurecida progresivamente, al tiempo que la visión artística y creativa crece exponencialmente. 
Señala Weston:
Utilizo la experiencia de la ceguera para expandir mi expresión creativa dentro del reino visual. Quería crear fotografías que representaran mi forma de ver las cosas. Ahí creé una serie de imágenes que se llaman «Blind Vision» (Visión Ciega), que representa no solamente la pérdida de la visión física, sino también la transición metafísica de quedarse ciego.

La vida de Jon

Jon es discapacitado múltiple de de 11 años de edad. Nació sin ojos, y no puede hablar ni comunicarse, puesto que no entiende las palabras. Tampoco puede caminar o usar su cuerpo, así que para él la comunicación se establece a través del tacto y del tono de voz.

La fotógrafa noruega Sara Marie Ramsoe vivía en el mismo barrio que Jon y su familia, y decidió pedir permiso a la familia para documentar su vida. Cuando aceptaron, pasó mucho tiempo en contacto con ellos antes de que se permitiera sacar su cámara para registrar el lenguaje corporal de Jon. Como ella misma afirma: “Fue un reto poder crear esa cercanía, y capturar su personalidad a través de la lente, así como una experiencia de gran apertura para mí, tanto personal como fotográficamente».

El mundo que imagino

Cuando Pete Eckert estudiaba arquitectura empezó a perder la visión como consecuencia de una retinitis pigmentosa. Antes de que la perdiera por completo aprendió todo lo que pudo sobre fotografía, y a partir de ahí se dedicó a capturar el mundo tal como él lo imaginaba.

Pete, que fotografía como un acto terapéutico para sí mismo, tiene claro que, aunque el resultado final de su producción será visto por los videntes, él no quiere sentirme contaminado por ese hecho, y por eso su técnica nos invita de un modo poderoso y creativo a que nos situemos ante ella como si tampoco nosotros pudiéramos verla.

Prueba de vida

Recuerdo la película “The Proof” de la realizadora Jocelyn Moorhouse, con un jovencísimo Russell Crowe, en la que un fotógrafo ciego recaba de los demás la prueba de su identidad, de su paso por el mundo, a partir de las descripciones que los otros le hacían de las fotografías que él tomaba, completamente al azar.

Algo así ocurre con las imágenes de Sonia Soberats, que juega con la luz desde la penumbra permanente que le impone su ceguera. Mediante su cámara nos va trayendo figuras, sombras y formas en un estallido de color que deja abierta la puerta a una eclosión de vida. Todas ellas son precisamente eso: una prueba de vida para la fotógrafa.

Desde la oscuridad

Casi con seguridad nunca has visto unas imágenes como las que te voy a presentar. Y por qué no? te preguntarás… Pues porque nunca has estado durante años viviendo a oscuras.

Justo eso es lo que le pasa a Penny Clare, postrada en cama en una habitación a oscuras durante años y años, debido a una enfermedad que le lesionó ciertos nervios craneales.

En algún momento de esa existencia aislada del mundo empezó a tomar fotos, la gran mayoría de ellas sin luz artificial o natural, aunque a veces una pequeña rendija de luz natural conseguía traspasar las cortinas.

Dice Penny: “desde mi cama, en la oscuridad, mi relación con mi enfermedad y las circunstancias adquirió un significado diferente y encontró su expresión creativa. Era mi manera de crear movimiento”.

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